Cáncer de Hígado
El cáncer primario de hígado es cáncer que se forma en los tejidos del hígado. El cáncer secundario del hígado es cáncer que se disemina al hígado desde otra parte del cuerpo. Cuando las células tumorales, con capacidad de invadir los tejidos sanos de alrededor y de alcanzar órganos alejados e implantarse en ellos, están ubicadas en el hígado, hablamos de cáncer de hígado o hepatocarcinoma.
El carcinoma hepatocelular es un tumor relativamente importante en España: se diagnostican más de 3.000 casos anuales en nuestro país (14 por cada 100.000 hombres y 4 por cada 100.000 mujeres, anualmente). Además, es el cáncer más frecuente en otros países, particularmente en aquellos que tienen mayor incidencia de infección por el virus de la hepatitis C. En el resto del mundo, el cáncer de hígado representa un problema de salud, con más de un millón de casos diagnosticados cada año en todo el mundo.
El cáncer de hígado se puede curar si el tumor se extirpa mediante una intervención quirúrgica. Los pacientes candidatos a cirugía requieren una evaluación preoperatoria muy detallada incluyendo la realización estudios radiológicos con el TAC, la RMN o la angiografía.
Antes de la intervención se puede realizar un estudio con laparosocopia para descartar que hubiera contraindicación para la resección quirúrgica, por ejemplo porque hubiera metástasis.
Sin embargo no siempre es posible la intervención quirúrgica. En estos casos existen tratamientos disponibles, como la quimioterapia intra arterial (también denominada quimioembolización), inyección percutánea de etanol, ablación con radiofrecuencia, crioterapia o la quimioterapia sistémica.

En el estadio I, hay un tumor que no se diseminó hasta los vasos sanguíneos cercanos. Para poder determinar el tratamiento más adecuado para el cáncer de esófago, es importante clasificar el tumor, es decir, determinar en qué fase se encuentra. El sistema que con mayor frecuencia se emplea para su clasificación es el TNM. Estas siglas hacen referencia a tres aspectos del cáncer
En el estadio II, se encuentra uno de los siguientes casos:

El estadio III se subdivide en estadio IIIA, IIIB y IIIC.
En el estadio IIIB, hay uno o más tumores de cualquier tamaño que:
En el estadio IIIC, el cáncer se diseminó hasta los ganglios linfáticos cercanos.

En el estadio IV, el cáncer se diseminó más allá del hígado hasta otros lugares del cuerpo, como los huesos o los pulmones. Los tumores pueden ser de cualquier tamaño y también pueden haberse diseminado hasta los vasos sanguíneos o los ganglios linfáticos cercanos.
El cáncer primario de hígado en adultos también se agrupa según el modo en que se puede tratar el cáncer. Hay tres grupos de tratamiento:
Localizado resecable. El cáncer se encuentra solamente en el hígado, no se diseminó y se puede extirpar completamente con cirugía.
Localizado y localmente avanzado no resecable. El cáncer se encuentra solamente en el hígado y no se diseminó, pero no se puede extirpar completamente con cirugía.
Avanzado. El cáncer se diseminó por todo el hígado o hasta otras partes del cuerpo, como los pulmones y los huesos.
El tratamiento del cáncer primario de hígado en adultos localizado resecable puede incluir los siguientes procedimientos:
El tratamiento del cáncer primario de hígado en adultos localizado y localmente avanzado no resecable puede incluir los siguientes procedimientos:
No hay un tratamiento estándar para el cáncer primario de hígado en adultos avanzado.Los pacientes pueden considerar participar en un ensayo clínico.
El tratamiento puede ser un ensayo clínico de terapia biológica, quimioterapia o radioterapia con radiosensibilizadores o sin ellos.
Estos tratamientos se pueden administrar como terapia paliativa para ayudar a aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida.
El tratamiento del cáncer primario de hígado en adultos recidivante puede incluir los siguientes procedimientos:
Para tratar el cáncer de hígado, se pueden utilizar los siguientes tipos de cirugía:
La quimioterapia es un tratamiento de cáncer que utiliza medicamentos para interrumpir el crecimiento de las células cancerosas, mediante su destrucción o impidiendo su multiplicación. Cuando la quimioterapia se administra oralmente o se inyecta en una vena o músculo, los medicamentos ingresan al torrente sanguíneo y afectan a células cancerosas de todo el cuerpo (quimioterapia sistémica).
Cuando la quimioterapia se coloca directamente en la columna espinal, o en un órgano o una cavidad corporal como el abdomen, los medicamentos afectan principalmente células cancerosas en esas áreas (quimioterapia regional). La quimioterapia regional se suele utilizar para tratar el cáncer de hígado. Se puede colocar en el cuerpo una bomba pequeña que contiene medicamentos contra el cáncer. La bomba envía los medicamentos directamente hasta vasos sanguíneos que van al tumor.
Otro tipo de quimioterapia regional es la quimioembolización de la arteria hepática. El medicamento contra el cáncer se inyecta en la arteria hepática a través de un catéter (tubo delgado). El medicamento se combina con una sustancia que bloquea la arteria y corta el flujo de sangre hacia el tumor. La mayor parte del medicamento contra el cáncer queda atrapada cerca del tumor y solo una pequeña cantidad llega a otras partes del cuerpo. El bloqueo puede ser temporal o permanente, según la sustancia que se utiliza para bloquear la arteria. Se impide que el tumor reciba el oxígeno y los nutrientes que necesita para crecer. El hígado continúa recibiendo sangre de la vena porta hepática, que lleva la sangre del estómago y el intestino. La forma en que se administra la quimioterapia depende del tipo y el estadio del cáncer que se está tratando.
La radioterapia es un tratamiento de cáncer que utiliza rayos X de alta energía u otros tipos de radiación para destruir células cancerosas o impedir que crezcan. La radioterapia se administra de diferentes modos:
LA FORMA EN QUE SE ADMINISTRA LA RADIOTERAPIA DEPENDE DEL TIPO Y EL ESTADIO DEL CÁNCER QUE SE ESTÁ TRATANDO.
Antes de empezar con el tratamiento propiamente dicho, es preciso realizar una planificación o simulación del mismo. Su finalidad es determinar una serie de parámetros que variarán dependiendo del tipo, de la localización y de la extensión del tumor, así como de las características anatómicas de cada enfermo.
Durante todo el tratamiento, el paciente ha de permanecer inmóvil y mantener la misma postura. Es frecuente, que próximo a la zona del tumor se encuentren determinadas estructuras importantes como el estómago, el páncreas, la medula espinal, entre otros. Para administrar la radiación con una precisión elevada y evitar que los tejidos sanos que rodean al tumor reciban más dosis de la tolerada, se utilizan sistemas de inmovilización muy precisos para que permitan la administración de la radiación con gran exactitud. Habitualmente, para realizar el cálculo de la dosis que va a recibir tanto el tumor como los tejidos sanos de alrededor del mismo, es necesario realizar una tomografía de localización, cuyas imágenes se introducen en la computadora, donde se determina el volumen de tratamiento.
Antes de la realización de la tomografía se determina el sistema de inmovilización más adecuado para cada paciente según la técnica que se vaya a aplicar. Una vez realizada la planificación, estos sistemas de fijación permiten su reproducción diaria en la sala de tratamiento.
Las habitaciones donde se realizan los tratamientos de radioterapia externa se llaman salas de radioterapia o búnkeres. Estas habitaciones poseen paredes de hormigón con un gran espesor que proporcionan un aislamiento perfecto impidiendo que la radiación salga fuera de ellas.
Mientras dura la sesión de tratamiento el paciente estará solo en el interior de la sala, pero vigilado por el personal especializado a través de un circuito de televisión y un interfono.
Si se administrara toda la dosis de radiación en una única sesión se producirían daños muy serios en los tejidos. Para minimizar estos efectos secundarios, la dosis total de radiación se fracciona, repartiéndose en un número determinado de sesiones y días. El fraccionamiento estándar consiste en administrar una sesión al día durante cinco días a la semana descansando dos, generalmente sábados y domingos. Para su administración no es necesario estar ingresado, puede acudir al hospital para el tratamiento y una vez finalizado volver a su casa.
El tratamiento de radioterapia suele durar entre dos y siete semanas, dependiendo de la dosis que se administre y del número total de sesiones. Diariamente, cada sesión dura sólo unos minutos (quince aproximadamente). El tiempo real de irradiación dura unos segundos.
Una vez finalizado el tratamiento diario, puede estar en contacto con otras personas, ya que no emite ningún tipo de radiactividad. Sus relaciones sociales, laborales y familiares no tienen por qué verse afectadas mientras dure el tratamiento.
La radioterapia, al mismo tiempo que elimina células enfermas, puede afectar a los tejidos sanos cercanos al área de tratamiento y como consecuencia aparecen efectos secundarios en la zona que ha recibido el tratamiento.
Estos efectos son difíciles de prever con exactitud, ya que dependen de múltiples factores como la zona del organismo donde se realiza el tratamiento, la dosis, el fraccionamiento y la susceptibilidad individual de cada persona. En algunos casos se producen efectos mínimos, mientras que en otros son más serios y es necesario administrar tratamiento médico para su control.