Sarcomas de Partes Blandas
Durante el desarrollo gestacional, se forman nuestros tejidos y nuestros órganos a partir de una de las 3 capas embrionarias, denominadas ectodermo, mesodermo y endodermo. Del mesodermo se van a formar determinados tejidos como los músculos, los tejidos cartilaginosos, las articulaciones, los huesos, los tejidos conectivos (por ejemplo los tendones), los vasos sanguíneos y linfáticos y los tejidos grasos. Estos tejidos a su vez están formados por células, que se dividen de forma regular con el fin de reemplazar a las ya envejecidas o muertas y mantener así la integridad y el correcto funcionamiento de los cuerpo.
Este proceso está regulado por una serie de mecanismos que indican a la célula cuándo comenzar a dividirse y cuándo permanecer estable. Cuando estos mecanismos se alteran en una célula, ésta y sus descendientes inician una división incontrolada que con el tiempo dará lugar a un tumor. Llamamos sarcoma de partes blandas, a aquella enfermedad en la que se desarrollan células malignas a partir de alguna de las células que derivan del mesodermo, a excepción del hueso (en este caso no hablaríamos de Sarcomas de partes blandas, sino de Osteosarcomas).
Los sarcomas de partes blandas pueden aparecer en los tejidos mesodérmicos de las extremidades (más de la mitad de los casos), del tronco y del abdomen e incluso del cuello y la cabeza.
En ocasiones los sarcomas surgen en tracto gastrointestinal; en ese caso hablamos de un tipo de sarcoma muy especial, muy diferente al resto tanto en su crecimiento, pronóstico y tratamiento. Estos tumores originados del tracto gastrointestinal se denominan Sarcomas del Estroma Gastrointestinal (GISTs por sus siglas en inglés) y se publicarán próximamente en esta sección. Existen tantos tipos de sarcomas de partes blandas, como tipos de células de las que se originan.
Los más frecuentes son el Histiocitoma Fibroso Maligno seguido del Liposarcoma.
Estadio I: En el estadio I, el tumor puede ser de cualquier tamaño, de grado bajo (probablemente de crecimiento y diseminación lenta), y puede ser superficial (próximo a la superficie de la piel) o profundo.
Estadio II: En el estadio II, el tumor es de grado alto (probablemente de crecimiento y diseminación rápida) y ya sea:
Estadio III: En el estadio III, el tumor es de grado alto, mayor de 5 centímetros y profundo.
Estadio IV: En el estadio IV, el tumor puede ser de cualquier tamaño, cualquier grado y se ha diseminado a los ganglios linfáticos circundantes o a otras partes del cuerpo.
El tratamiento de los sarcomas de partes blandas debe de realizarse con un equipo multidisciplinar de médicos, en el que intervienen patólogos, radiólogos, oncólogos médicos, cirujanos y oncólogos radioterapeutas. El tratamiento más adecuado es la cirugía, pero en ocasiones se asocia a radioterapia e incluso a la quimioterapia.
El tratamiento del sarcoma de tejido blando en adultos en estadio l incluye los siguientes procedimientos:
Si el cáncer se encuentra en la cabeza, el cuello, el abdomen o el pecho, el tratamiento puede incluir los siguientes procedimientos:
El tratamiento del sarcoma de tejido blando en adultos en estadios ll y lll incluye los siguientes procedimientos:
El tratamiento del sarcoma de tejido blando en adultos en estadio lV con implicación de los ganglios linfáticos puede incluir los siguientes procedimientos:
Estos tratamientos pueden ser seguidos de cirugía para extirpar lesiones en los pulmones.
El tratamiento del sarcoma de tejido blando en estadio IV con compromiso de los órganos internos del cuerpo puede incluir los siguientes procedimientos:
Estos tratamientos pueden ser seguidos de cirugía para extirpar lesiones en los pulmones.
El tratamiento para el sarcoma de tejido blando en adultos recidivante puede incluir los siguientes procedimientos:
El tratamiento ideal consiste en una cirugía con márgenes amplios, al menos con 2 centímetros. Los cirujanos siempre valoran realizar operaciones con vistas a la curación, dentro de un marco de cirugías conservadoras, es decir con cirugías que no sean muy mutilantes (por ejemplo evitar amputaciones).
Para lograr estos objetivos a veces se utiliza la quimioterapia o la radioterapia antes de la cirugía. La cirugía también tiene un valor en enfermos con metástasis; existen algunos pacientes con tumores metastáticos que pueden llegar a curarse cuando hay pocas metástasis y éstas se pueden extirpar.
La quimioterapia es un tratamiento de fármacos para eliminar las células tumorales. La quimioterapia se considera un tratamiento sistémico ya que el medicamento es introducido al torrente sanguíneo, viaja a través del cuerpo y puede eliminar las células cancerosas que estén lejos del origen inicial.
Los fármacos utilizados en la quimioterapia pueden:
La quimioterapia puede tener un papel en una de estas tres situaciones:
La quimioterapia adyuvante se aplica después de la cirugía y en el caso de que el tumor sea de mal pronóstico, como es el caso de los tumores de alto grado o los tumores mayores de 5 centímetros. Los tumores de bajo grado no necesitan este tratamiento. La quimioterapia neoadyuvante tiene la misión de facilitar la cirugía, potencialmente curativa, posterior. Si un paciente presenta un sarcoma con metástasis que no puede operarse, entonces se pueden paliar los síntomas con quimioterapia.
La radioterapia se utiliza cuando el tumor no se puede extirpar porque está muy profundo o en una localización que lo hace inoperable. En ocasiones esta radioterapia puede favorecer que, en un segundo tiempo, se pueda operar. La radioterapia también se utiliza cuando los márgenes obtenidos después de la cirugía no son suficientes.
Antes de empezar con el tratamiento propiamente dicho, es preciso realizar una planificación o simulación del mismo. Su finalidad es determinar una serie de parámetros que variarán dependiendo del tipo, de la localización y de la extensión del tumor, así como de las características anatómicas de cada enfermo.
Durante todo el tratamiento, el paciente ha de permanecer inmóvil y mantener la misma postura. Es frecuente, que próximo a la zona del tumor se encuentren determinadas estructuras importantes. Para administrar la radiación con una precisión elevada y evitar que los tejidos sanos que rodean al tumor reciban más dosis de la tolerada, se utilizan sistemas de inmovilización muy precisos para que permitan la administración de la radiación con gran exactitud.
Habitualmente, para realizar el cálculo de la dosis que va a recibir tanto el tumor como los tejidos sanos de alrededor del mismo, es necesario realizar una tomografía de localización, cuyas imágenes se introducen en la computadora, donde se determina el volumen de tratamiento. Antes de la realización de la tomografía se determina el sistema de inmovilización más adecuado para cada paciente según la técnica que se vaya a aplicar. Los más empleados son una máscara de material termoplástico que se adapta al contorno del paciente. Una vez realizada la planificación, estos sistemas de fijación permiten su reproducción diaria en la sala de tratamiento.
Las habitaciones donde se realizan los tratamientos de radioterapia externa se llaman salas de radioterapia o búnkeres.
Estas habitaciones poseen paredes de hormigón con un gran espesor que proporcionan un aislamiento perfecto impidiendo que la radiación salga fuera de ellas.
Mientras dura la sesión de tratamiento el paciente estará solo en el interior de la sala, pero vigilado por el personal especializado a través de un circuito de televisión y un interfono.
Si se administrara toda la dosis de radiación en una única sesión se producirían daños muy serios en los tejidos. Para minimizar estos efectos secundarios, la dosis total de radiación se fracciona, repartiéndose en un número determinado de sesiones y días.
El fraccionamiento estándar consiste en administrar una sesión al día durante cinco días a la semana descansando dos, generalmente sábados y domingos. Para su administración no es necesario estar ingresado, puede acudir al hospital para el tratamiento y una vez finalizado volver a su casa.
El tratamiento de radioterapia suele durar entre dos y siete semanas, dependiendo de la dosis que se administre y del número total de sesiones. Diariamente, cada sesión dura sólo unos minutos (quince aproximadamente). El tiempo real de irradiación dura unos segundos.
Una vez finalizado el tratamiento diario, puede estar en contacto con otras personas, ya que no emite ningún tipo de radiactividad. Sus relaciones sociales, laborales y familiares no tienen por qué verse afectadas mientras dure el tratamiento.
La radioterapia, al mismo tiempo que elimina células enfermas, puede afectar a los tejidos sanos cercanos al área de tratamiento y como consecuencia aparecen efectos secundarios en la zona que ha recibido el tratamiento.
Estos efectos son difíciles de prever con exactitud, ya que dependen de múltiples factores como la zona del organismo donde se realiza el tratamiento, la dosis, el fraccionamiento y la susceptibilidad individual de cada persona. En algunos casos se producen efectos mínimos, mientras que en otros son más serios y es necesario administrar tratamiento médico para su control.