Cáncer de Vagina
Este tipo de cáncer se forma en los tejidos de la vagina (vía del parto), la cual se extiende desde el cuello uterino (la abertura del útero) hasta el exterior del cuerpo. El cáncer de vagina es un tumor muy poco común, representando entre el 1-2% de los cánceres ginecológicos.
Por lo general hay dos tipos de cáncer de vagina:

Se da en mujeres más jóvenes y se ha relacionado con la exposición materna al fármaco dietilestilbrestol (en la actualidad en desuso). Suelen ser tumores más agresivos.
Existen otros tipos de cáncer de vagina pero son realmente excepcionales, como por ejemplo melanoma o sarcoma de vagina.
Una vez que se ha confirmado el diagnóstico de cáncer de vagina y se han realizado las pruebas necesarias para conocer en qué fase está la enfermedad, se debe determinar cuál es el tratamiento más adecuado para curarla.
El ginecólogo y/o el oncólogo le recomendarán y explicarán las posibilidades de tratamiento más adecuadas en su caso para que una vez que haya recibido la suficiente información pueda tomar una decisión.
Los tratamientos más frecuentemente empleados en el cáncer de vagina son la cirugía, la radioterapia, y la quimioterapia. Este tratamiento puede variar en función de varios factores (estadio, tipo de tumor, la edad, el estado general del paciente) siendo el más importante el estadio del tumor.
El tratamiento para el estadio 0 puede incluir los siguientes procedimientos:

El tratamiento del cáncer de vagina de células escamosas en estadio I puede incluir los siguientes procedimientos:
El tratamiento del adenocarcinoma vaginal en estadio I puede incluir los siguientes procedimientos:
El tratamiento del cáncer de vagina en estadio II es el mismo para el cáncer de células escamosas y el Adenocarcinoma. Puede incluir los siguientes procedimientos:
El tratamiento del cáncer de vagina en estadio III es el mismo para el cáncer de células escamosas y el adenocarcinoma. El tratamiento puede incluir radioterapia interna y/o externa, con cirugía o sin esta.
El tratamiento del cáncer de vagina en estadio IV-A es el mismo para el cáncer de células escamosas y el adenocarcinoma. El tratamiento puede incluir radioterapia interna y/o externa, con cirugía o sin esta.
El tratamiento del cáncer de vagina en estadio IV-B es el mismo para el cáncer de células escamosas y el adenocarcinoma. El tratamiento puede incluir los siguientes procedimientos:
El tratamiento del cáncer de vagina recidivante puede incluir los siguientes procedimientos:
La mayoría de los tumores de vagina se diagnostican en fases tempranas, es decir, no se han diseminado fuera de la vagina, por lo que la cirugía suele ser el tratamiento más importante y el primero en llevarse a cabo en la mayoría de estos tumores. En ocasiones, después de la cirugía puede ser necesaria la radioterapia para asegurarse que se eliminan todas las células malignas. Las técnicas quirúrgicas para tratar el cáncer de vagina son:
La quimioterapia es una de las modalidades terapéuticas más empleada en el tratamiento del cáncer, y consiste en la administración de medicamentos para detener el cáncer.
Sin embargo la quimioterapia no es un tratamiento habitual en el cáncer de vagina y sólo se emplea:
De manera tópica, en forma de pomada vaginal para eliminar células malignas.
La quimioterapia tópica debe repetirse varias veces (alrededor de 10 veces) y puede ocasionar irritación de la vagina o de la vulva.
Este tratamiento es poco habitual y sólo debe utilizarse en casos muy seleccionados.
De manera intravenosa, para detener el crecimiento tumoral en estadios más avanzados.
La radioterapia es el empleo de radiaciones ionizantes para el tratamiento, local o locorregional, de determinados tumores que emplea rayos X con altas dosis de irradiación. Su objetivo es destruir las células tumorales causando el menor daño posible a los tejidos sanos que rodean dicho tumor. En los tumores de vagina, la radioterapia que se aplica puede ser externa o interna, aunque generalmente se combinan ambas modalidades.
En la radioterapia externa se emplean equipos generadores de radiación (aceleradores lineales) que en ningún momento contactan con la paciente. La radioterapia interna consiste en la colocación de materiales radiactivos próximos a la zona tumoral. Se introducen en la vagina, por lo que se denomina radioterapia endocavitaria.
El tratamiento con radioterapia siempre es individualizado, es decir, cada enferma tendrá su tratamiento específico y distinto al de otra paciente. Según la finalidad con que se emplee, la radioterapia puede ser curativa o paliativa para aliviar síntomas provocados por el cáncer como dolor, sangrado vaginal, etc.
Antes de empezar con el tratamiento propiamente dicho, es preciso realizar una planificación o simulación del mismo. Su finalidad es determinar una serie de parámetros que variarán dependiendo del tipo, de la localización y de la extensión del tumor, así como de las características anatómicas de cada enfermo.
Durante todo el tratamiento, el paciente ha de permanecer inmóvil y mantener la misma postura. Es frecuente, que próximo a la zona del tumor se encuentren determinadas estructuras importantes como la vejiga, el recto, las cabezas femorales, entre otras. Para administrar la radiación con una precisión elevada y evitar que los tejidos sanos que rodean al tumor reciban más dosis de la tolerada, se utilizan sistemas de inmovilización muy precisos para que permitan la administración de la radiación con gran exactitud.
Habitualmente, para realizar el cálculo de la dosis que va a recibir tanto el tumor como los tejidos sanos de alrededor del mismo, es necesario realizar una tomografía de localización, cuyas imágenes se introducen en la computadora, donde se determina el volumen de tratamiento. Antes de la realización de la tomografía se determina el sistema de inmovilización más adecuado para cada paciente según la técnica que se vaya a aplicar. Una vez realizada la planificación, estos sistemas de fijación permiten su reproducción diaria en la sala de tratamiento.
Las habitaciones donde se realizan los tratamientos de radioterapia externa se llaman salas de radioterapia o búnkeres.
Estas habitaciones poseen paredes de hormigón con un gran espesor que proporcionan un aislamiento perfecto impidiendo que la radiación salga fuera de ellas.
Mientras dura la sesión de tratamiento el paciente estará solo en el interior de la sala, pero vigilado por el personal especializado a través de un circuito de televisión y un interfono.
Si se administrara toda la dosis de radiación en una única sesión se producirían daños muy serios en los tejidos. Para minimizar estos efectos secundarios, la dosis total de radiación se fracciona, repartiéndose en un número determinado de sesiones y días.
El fraccionamiento estándar consiste en administrar una sesión al día durante cinco días a la semana descansando dos, generalmente sábados y domingos. Para su administración no es necesario estar ingresado, puede acudir al hospital para el tratamiento y una vez finalizado volver a su casa.
El tratamiento de radioterapia suele durar entre dos y siete semanas, dependiendo de la dosis que se administre y del número total de sesiones. Diariamente, cada sesión dura sólo unos minutos (quince aproximadamente). El tiempo real de irradiación dura unos segundos.
Una vez finalizado el tratamiento diario, puede estar en contacto con otras personas, ya que no emite ningún tipo de radiactividad. Sus relaciones sociales, laborales y familiares no tienen por qué verse afectadas mientras dure el tratamiento.
La radioterapia, al mismo tiempo que elimina células enfermas, puede afectar a los tejidos sanos cercanos al área de tratamiento y como consecuencia aparecen efectos secundarios en la zona que ha recibido el tratamiento. Estos efectos son difíciles de prever con exactitud, ya que dependen de múltiples factores como la zona del organismo donde se realiza el tratamiento, la dosis, el fraccionamiento y la susceptibilidad individual de cada persona. En algunos casos se producen efectos mínimos, mientras que en otros son más serios y es necesario administrar tratamiento médico para su control.
Es una técnica de tratamiento que consiste en introducir en el interior del organismo isótopos radiactivos. Se pueden implantar de forma temporal o permanente en la zona a tratar. Con la radioterapia interna se logra administrar altas dosis de radiación a cortas distancias, de tal forma, que llega muy poca dosis a los tejidos sanos circundantes al implante.
Dependiendo del tipo de implante que se vaya a realizar es necesario permanecer ingresado en el hospital durante 1 o dos días, en otros casos el paciente podrá irse a su casa el mismo día tras recibir el tratamiento. Bajo sedación o anestesia general, se efectuará la colocación de los isótopos radiactivos.
En ocasiones, mientras tenga colocados los implantes es necesario que permanezca en una habitación, preparada especialmente para tal fin. El paciente estará controlado, en todo momento, a través de un monitor de televisión por el personal sanitario responsable de su cuidado.
La duración del tratamiento dependerá en gran medida del tipo de isótopo que se haya empleado en el implante y de la cantidad de dosis que se quiera administrar en la zona del tumor, pero generalmente oscila entre minutos y días.